Orden frailes Siervos de María
La
Orden de los frailes Siervos de María nació en Florencia
(Italia) hacia el año del Señor de 1233, cuando la ciudad,
dividida en dos frentes, se debatía en una lucha fratricida que
duraba ya demasiado tiempo. Nuestros santos fundadores (Buenhijo Monaldi,
Bonayunta Manetti, Maneto dell’Antella, Amadeo Amidei, Sosteño,
Hugo, Alejo Falconieri) eran siete amigos que, en medio del caos producido
por las luchas y las enemistades, optaron por los valores evangélicos
de la fraternidad, de la comunión y de la paz. Esta decisión
fue radical y definitiva. Dejaron sus casas, comercios de telas y negocios,
distribuyendo sus numerosos bienes entre sus familias y los necesitados.
Se propusieron vivir juntos el Evangelio, llevando una vida entregada
a la oración contemplativa, a la alabanza del Señor y
al servicio de los pobres. Las gentes de Florencia les conocían
mucho antes de su unión por la ejemplaridad cristiana de sus
vidas y porque formaban parte de una cofradía muy conocida dedicada
a la Santísima Virgen. Por algunos años vivieron muy humildemente
fuera de la ciudad acogiendo a todos los que pedían su ayuda
o consejo.
Más tarde, hacia el año 1245, dejaron
la cuidad para retirarse, cerca de Florencia, en el monte llamado Senario.
En la cima de este monte levantaron su morada definitiva y una pequeña
capilla dedicada a Santa María. A pesar de su vida austera y
solitaria seguían recibiendo a numerosas personas que subían
al monte para aprender de sus palabras y de sus obras. Su fama creció
y se les empezó a llamar Siervos de Santa María. Se distinguían
por la armonía en sus relaciones, por su sencillo modo de vivir,
por la meditación y la referencia continua a la Palabra de Dios,
y por su gran devoción hacia la Gloriosa Señora, como
solían llamar ellos a la Madre de Dios. De ella, la Sierva del
Señor, asumieron el nombre de Siervos, y dieron inicio a una
Orden religiosa especialmente dedicada a la Virgen. Su legado de santidad
se perpetuó durante los siglos y su espiritualidad ha pasado
de generación en generación hasta nuestros días.
Los que juntos habían vivido llegando a ser un solo corazón,
y una sola alma, juntos reposan en un mismo sepulcro en la Cima del
Monte. Los Siete Santos Fundadores fueron canonizados conjuntamente
en el año 1888 por el Papa León XIII. Su fiesta litúrgica
se celebra en la Iglesia el día 17 de febrero.
Nuestra Orden no tiene un único fundador, su
raíz es un grupo, una comunidad. La Iglesia reconoció
que nuestros primeros Padres eran santos porque fueron un grupo evangélico,
una fraternidad inspirada en María en el seguimiento de Cristo.
Los Siervos de María no nacieron como un agrupamiento de discípulos
entorno a un maestro, más bien surge del encuentro y de la unión
de unos amigos movidos por el mismo ideal: servir a Dios y al prójimo,
inspirándose en María. Es un caso todo especial en la
historia de la Iglesia y de la vida religiosa. En el origen de nuestra
Orden está la fraternidad.

La dimensión mariana es esencial en la vocación
del Siervo de María, tal y como lo fue para nuestros fundadores.
De la Madre de Cristo, primera discípula, aprendemos a ser como
ella discípulos y a vivir en la escucha de la Palabra, atentos
a sus llamadas en el secreto del corazón y a sus manifestaciones
en la vida de los hermanos. La imagen de Santa María nos enseña
a permanecer junto a las infinitas cruces donde su Hijo está
todavía crucificado; a vivir y a testimoniar el amor cristiano,
acogiendo a cada persona como hermano; a renunciar al oscuro egoísmo
para seguir a Cristo, única luz del hombre.
Desde los orígenes de nuestra Orden, grupos
femeninos han compartido el ideal de vida de los primeros Padres. Hoy
nuestra familia servita está compuesta por las monjas contemplativas,
por las Hermanas se diferentes Congregaciones, comprometidas en la pastoral,
por los miembros de Institutos Seculares y también por laicos
y por jóvenes que viven nuestra experiencia espiritual de forma
estable o de modo informal.
LOS SIERVOS DE MARÍA EN CORIA
Desde el 15 al 22 de enero del año de 1898,
el padre Francisco de Paula Tarín y Arnau S.J., predicó
la Santa Misión en Coria del Río implantando en los corianos
el amor a Cristo y a su Santa Madre bajo la advocación de Ntra.
Sra. de la Soledad. Fue precisamente en la Capilla de la Soledad donde
instituyó una piadosa asociación de mujeres “Las
Siervas de María” o “Servitas” y que estaría
unida a la Venerable Orden Tercera de los Siervos de María establecida
en Roma.
Es precisamente a partir del 10 de agosto de 1997 cuando
nuestra Hermandad ha sido reconocida oficialmente como Grupo Laico Servita,
rigiéndose por unos estatutos aprobados por el Ordinario y al
que debe obediencia.
El sábado día 14 de septiembre del año
2002, Fray Ángel María Ruiz Garnica, Prior General de
la Orden Servita con sede en Roma, honró con su presencia nuestra
Hermandad en visita privada.
Llegó a Coria sobre las 12 del mediodía y se entrevistó
con la Junta de Gobierno de la Hermandad Presididida por el Hermano
Mayor D. José Manuel Peña, así como con las autoridades
eclesiásticas de nuestra localidad y con una representación
de la Junta de Gobierno de la Hermandad Servita del Santo Entierro de
La Palma del Condado (Huelva), teniendo a continuación un acto
de oración ante nuestras Sagradas Imágenes.

La Hermandad siempre profesará un especial agradecimiento a Fray
Ángel por haberse dignado visitarnos.
La Orden de los Siervos de María, ha concedido a nuesra Hermandad una reliquia consistente en “huesos de Santos Hermanos Fundadores de la Orden de los Siervos de María”, signada por el Postulador General en el Convento de S. Marcelo de Roma, el día 8 de febrero de 2006, y que en su templete luce el paso de la Stma. Virgen de la Soledad la noche del Viernes Santo.
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